6 junio, 2026
milei

La última medición de la consultora Doxa Data en la provincia de Santa Fe expone un fenómeno de desgaste acelerado pero no definitivo en la base de sustentación del Gobierno nacional. En un territorio que resultó clave para el andamiaje electoral de La Libertad Avanza, la desaprobación a la gestión del presidente Javier Milei alcanzó el 55,5%, traccionada por un deterioro persistente del humor social y de las percepciones económicas. Sin embargo, el dato analítico más relevante del estudio es la resiliencia electoral del oficialismo, que frente a la fragmentación y la ausencia de liderazgos alternativos consolidados, retiene un piso de competitividad que le permite liderar la intención de voto provincial.

La erosión del crédito económico

El relevamiento —sustanciado en el tramo final de abril— evidencia que el argumento de la estabilidad macroeconómica empieza a perder eficacia como atenuante del impacto en la microeconomía de los hogares santafesinos:

  • Evaluación del presente: El 59,6% de los consultados califica la situación económica general del país como «mala» o «muy mala», frente a un rezagado 36,3% de percepciones positivas. Esta brecha se traslada de forma directa a la consideración del rumbo político, donde el 52,9% señala que la dirección de la Casa Rosada es incorrecta.
  • Plazo de tolerancia: La expectativa hacia el mediano plazo también muestra signos de fatiga. Un 38,4% de los santafesinos prevé que la situación empeorará en los próximos seis meses, mientras que solo un 23,3% mantiene la expectativa de una mejora. Este indicador sugiere que el concepto del «aguante» social ingresa en una fase de vulnerabilidad condicionada a la aparición de resultados tangibles en el consumo.

La paradoja de la competitividad y el factor Rosario

A pesar del quiebre en la imagen presidencial, los analistas descartan un escenario de derrumbe lineal. La Libertad Avanza conserva una intención de voto del 31,6% en la provincia, ubicándose casi diez puntos por encima de Axel Kicillof (22,4%). La persistencia de este núcleo responde principalmente a dos factores institucionales: la estabilidad de las variables macroeconómicas básicas y el vacío de alternativas de oposición atractivas para el electorado de centro-derecha de la provincia.

No obstante, el mapa territorial santafesino muestra una asimetría marcada. El rechazo a la figura presidencial se agudiza en los grandes centros urbanos, con Rosario registrando un 57,2% de desaprobación. Esta resistencia en el sur provincial funciona como un llamado de atención para la Casa Rosada de cara al armado de listas legislativas, considerando que un 50,7% de los encuestados a nivel provincial ya manifiesta su preferencia por un cambio de signo político de cara a 2027.

El impacto colateral en la Casa Gris

La tensión del ajuste nacional también derrama sobre la política local. La encuesta registra un retroceso en los niveles de aprobación del gobernador Maximiliano Pullaro, cuyo saldo positivo se ha estrechado al 48,8% frente a un 47,4% de desaprobación. Al igual que Milei, el mandatario provincial encuentra su principal frente de resistencia en Rosario, donde el rechazo a su gestión trepa al 52,6%.

Este estrechamiento de los márgenes de aprobación explica el giro estratégico de la gestión santafesina, orientada a acelerar reformas institucionales propias —como el Código Electoral y la modernización del Estado— antes de que el desgaste de la coyuntura económica nacional termine por condicionar la gobernabilidad interna. En Santa Fe, la opinión pública ingresa en una etapa de neutralidad expectante, donde la macroeconomía nacional retiene la centralidad política a la espera de un segundo semestre que defina si la desaceleración de los precios logra traducirse en una recuperación del humor social.

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