La asociación civil Factor Vial advirtió sobre un incremento drástico en la letalidad callejera, registrándose 26 fallecimientos en lo que va del año frente a los 22 reportados en todo 2025. Más del 80% de las víctimas fatales se desplazaba en motocicletas y el factor humano explica el 90% de las tragedias.
El severo incremento de la mortalidad en la vía pública santafesina responde a una combinación crítica entre la transformación del parque automotor y una generalizada resistencia ciudadana al cumplimiento de las normas básicas de protección. De acuerdo con el último balance presentado por la organización especializada Factor Vial, las muertes por siniestros viales aumentaron un 86% en la capital provincial en comparación con el registro anual previo, consolidando una tendencia que los expertos ya catalogan como una crisis de salud pública. Los motivos de esta disparada estadística radican en una profunda crisis de conducta al volante y al manubrio, donde la velocidad excesiva y la reticencia al uso del casco homologado transforman incidentes menores en desenlaces fatales para los conductores.
Las causas de esta vulnerabilidad extrema se concentran de manera abrumadora en el segmento de los motovehículos, cuya presencia en las calles se expandió de forma exponencial durante el último lustro. El relevamiento institucional determinó que más del 80% de las víctimas fatales circulaba en moto, afectando principalmente a la población económicamente activa, ya que el 81% de los decesos involucró a personas de entre 16 y 55 años. Este escenario se ve directamente potenciado por la mutación del tránsito local: las motocicletas ya representan el 38% del total de los 240.000 vehículos activos en Santa Fe —un salto considerable frente al 23% que registraban hace cinco años—, una masificación que no fue acompañada por un incremento equivalente en la infraestructura vial ni en la rigurosidad de los exámenes de aptitud conductiva.
La urgencia por mitigar este escenario —que el último fin de semana demandó la atención de 11 motociclistas graves en solo 48 horas en el Hospital José María Cullen— forzó a las organizaciones civiles a exigir un cambio de paradigma que no dependa exclusivamente de la fiscalización estatal. Al comprobarse que el 90% de los choques son consecuencia directa de errores humanos, los especialistas remarcan que la saturación de inspectores, fotomultas o reductores físicos resulta insuficiente si no se desarticula la cultura del manejo al límite. El trasfondo del reclamo plantea la necesidad de implementar programas de concientización integral que abarquen desde los jardines de infantes hasta los entornos corporativos, promoviendo la empatía comunitaria en las calles como la única herramienta efectiva para resguardar vidas.
