11 mayo, 2026
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A través de un proyecto propio en la Cámara Alta, el bloque del PJ santafesino se anticipó a la estrategia del oficialismo para delimitar las fronteras de la reforma política. Al defender la Boleta Única de papel y la vigencia de las PASO, el peronismo no solo busca preservar sus mecanismos internos de selección de candidatos, sino que intenta frenar cualquier intento de Unidos por instaurar un sistema que favorezca la tracción de la «lista completa» o la hegemonía del Ejecutivo sobre el Tribunal Electoral.

La maniobra del peronismo en el Senado santafesino representa el primer movimiento táctico de una disputa que definirá las reglas del poder para la próxima década. Al presentar una propuesta integral antes de que el gobernador Maximiliano Pullaro envíe su mensaje a la Legislatura, los senadores Rubén Pirola, Armando Traferri y Alcides Calvo, entre otros, buscan «marcar la cancha» y elevar el costo político de cualquier modificación sustancial al sistema vigente. La movida responde a una necesidad de supervivencia política: el peronismo entiende que la Boleta Única por categoría es el único dique de contención frente a una eventual polarización que, bajo otros formatos (como el modelo de lista completa), podría licuar sus liderazgos territoriales y su representación en la Cámara de Diputados.

Defensa de la Boleta Única y las PASO

La insistencia en mantener la Boleta Única tal como existe en Santa Fe desde hace más de una década no es caprichosa. Este sistema desvincula la suerte del candidato a gobernador de la de los senadores y diputados, favoreciendo el voto «quirúrgico» y la territorialidad que el PJ aún conserva en varios departamentos. Por otro lado, la defensa de las PASO actúa como un mecanismo de ordenamiento interno para un peronismo que carece hoy de una conducción centralizada y que utiliza las primarias como única herramienta de legitimación de sus cuadros. Al fijar un piso del 1,5% para pasar a las generales, el bloque busca también depurar la competencia y evitar la fragmentación que suele beneficiar a las estructuras oficialistas con mayor presupuesto.

Esta disputa electoral no ocurre en el vacío, sino que se alinea con la inminente discusión por la reforma de la Constitución Provincial. El PJ teme que el oficialismo utilice la reforma política como un ensayo para consolidar mayorías automáticas. De ahí que su proyecto incluya el sistema D’Hondt puro para el reparto de las 50 bancas en Diputados y la exigencia de residencia departamental para los candidatos, una cláusula diseñada para evitar el predominio de las estructuras de Rosario y Santa Fe Capital sobre el resto de la bota. Este esquema busca blindar el peso político del interior provincial, donde el «senado departamental» sigue siendo el bastión de poder del justicialismo.

Hacia una justicia electoral permanente

Un punto disruptivo del proyecto es la creación de un Tribunal Electoral con competencia judicial permanente. Actualmente, el Tribunal es un órgano estacional y rotativo; profesionalizarlo y dotarlo de un juez electoral con acuerdo legislativo por ocho años le otorgaría una autonomía que hoy se ve limitada por la coyuntura política. A mediano plazo, esto afectaría la forma en que se resuelven las disputas por el escrutinio y las impugnaciones, restándole discrecionalidad al Ejecutivo de turno. Para el ciudadano de a pie, esto garantiza mayor transparencia, pero para los partidos políticos significa una burocratización de la competencia electoral que exigirá mayor rigor técnico en la fiscalización.

La pulseada por la reforma electoral en Santa Fe será el termómetro de la relación entre Pullaro y la oposición durante 2026. Al anticiparse, el PJ ha logrado que la discusión empiece en sus términos: Boleta Única sin casillero de lista completa y PASO obligatorias. El desafío para el oficialismo será ahora decidir si negocia estas bases o si intenta imponer una mayoría que podría ser interpretada como un retroceso en la calidad institucional que la provincia supo construir. Lo que está en juego, en última instancia, no es solo cómo se vota, sino quiénes mantienen la llave de la representación en una provincia históricamente refractaria a los hegemonismos.

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