Los recientes indicadores oficiales expusieron un distanciamiento histórico en los índices sociales entre ambos conglomerados santafesinos. La medición del organismo estadístico registró que la vulnerabilidad social alcanzó al 38,6% en el Gran Santa Fe, marcando un fuerte contraste frente al 23,1% relevado en el territorio rosarino.
Esta marcada discrepancia de quince puntos porcentuales comenzó a acentuarse de manera sostenida a partir del ciclo pospandémico. Los análisis económicos especializados señalan que mientras Rosario logró reactivar su matriz productiva con mayor efectividad, la capital provincial sufrió el impacto de una recuperación mucho más lenta en sus niveles de ocupación.
El mercado de trabajo muestra un dinamismo claramente superior en el sur provincial, superando holgadamente las medias nacionales. La tasa de empleo formal llegó al 47,6% en Rosario frente al 41,3% santafesino, reflejando no solo una mayor absorción laboral sino también una población con más incentivos para insertarse activamente.
Un factor determinante radica en la estructura laboral, donde el sector estatal posee una incidencia significativamente superior en la capital. La pérdida del poder adquisitivo afectó con mayor severidad a los empleados públicos, cuyos haberes reales sufrieron caídas más pronunciadas que los salarios registrados pertenecientes al ámbito privado.
Dado que el costo de las canastas básicas se evalúa con idénticos parámetros regionales, la disparidad final radica exclusivamente en las remuneraciones. El deterioro de los ingresos en la capital provincial consolidó una brecha salarial que explica la diferencia en los indicadores finales de indigencia y pobreza.
