La actividad manufacturera registró un marcado descenso interanual alcanzando los niveles productivos más bajos de los últimos años. Múltiples titulares de empresas señalaron que la contracción del mercado interno junto a la pérdida del poder adquisitivo afectaron severamente el volumen de sus operaciones comerciales.
El desplome operativo impactó de forma directa en el sostenimiento de los puestos laborales y en las proyecciones de inversión. Diversos referentes del sector explicaron que las dificultades para acceder al financiamiento bancario empeoraron el cuadro de situación en las pequeñas y medianas plantas productivas.
Las demoras en el cobro de facturas generaron un complejo estiramiento en la cadena de pagos con clientes y proveedores. Varios analistas de la economía advirtieron que los incumplimientos tributarios aumentaron notablemente debido a la imposibilidad de afrontar los vencimientos fiscales a término.
Pese al persistente pesimismo respecto al escenario actual, las expectativas empresarias mostraron una leve mejoría en los índices de confianza. Múltiples dirigentes de las cámaras insistieron en la necesidad de reducir la presión impositiva local para reactivar la capacidad de producción en el territorio.
