13 agosto, 2026
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Un relevamiento del Centro de Estudios DEMOS advierte que el financiamiento privado se consolidó como el principal sostén del consumo básico ante la caída del salario real. La distorsión del sistema financiero de la provincia se profundiza con un salto en la morosidad y un nulo acceso a vivienda o inversión.

La erosión del poder adquisitivo en la provincia de Santa Fe ha transformado la naturaleza del financiamiento familiar, desplazándolo de su rol tradicional de adquisición de bienes durables hacia un mecanismo de subsistencia diaria. De acuerdo con el último Monitor Sectorial sobre Consumo elaborado por el Centro de Estudios DEMOS, cuatro de cada diez adultos santafesinos recurren de manera sistemática a las tarjetas de crédito o a préstamos personales para afrontar gastos cotidianos y llegar a fin de mes. El documento, coordinado por la economista Florencia Camusso, diagnostica que el consumo masivo en el mercado interno ha tocado un piso estructural y que la demanda remanente es sostenida artificialmente por un endeudamiento privado que enciende alertas por su creciente nivel de precarización.

El desglose estadístico provisto por DEMOS expone la magnitud de la dependencia financiera de los hogares. El 42,9% de la población adulta provincial mantiene saldos financiados en sus tarjetas de crédito, una cifra que supera el promedio histórico de Santa Fe (39,7%). El indicador más alarmante, sin embargo, se registra en los préstamos personales, que hoy alcanzan al 38,2% de los adultos, un salto drástico frente a la media histórica del 26,1%. Como contrapartida de este vuelco masivo hacia el financiamiento del consumo corriente (alimentos, servicios básicos y combustibles), las líneas de crédito destinadas al desarrollo patrimonial o la inversión productiva han quedado reducidas a niveles marginales: los créditos prendarios representan apenas el 1,3% del total de deudores y los hipotecarios se ubican en un insignificante 0,4%.

Esta reconfiguración de la cartera crediticia responde a un estrangulamiento directo de los ingresos frente a los costos fijos. Según el informe, en abril de 2026 los salarios reales sufrieron un duro retroceso: cayeron un 3,5% en el sector privado y se desplomaron un 18,3% en el sector público. Ante la indexación y suba sostenida de tarifas residenciales, combustibles y alquileres, una porción mayoritaria de los presupuestos familiares se encuentra indexada a gastos esenciales de supervivencia, eliminando cualquier margen de ahorro voluntario y obligando a las familias a «tarjetear» la canasta básica alimentaria.

La consecuencia directa de utilizar deuda de corto plazo y altas tasas para financiar necesidades corrientes es el rápido deterioro de la calidad de la cartera del sistema financiero. Los últimos datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA) revelan que el 16,4% de los deudores santafesinos vinculados al consumo ya se encuentra formalmente en situación de riesgo, evidenciando retrasos severos e incapacidad material para cumplir con los compromisos asumidos. El escenario configura un círculo vicioso para la economía provincial: el crédito ha dejado de operar como una palanca de expansión económica y bienestar para transformarse en un amortiguador de la pérdida salarial, elevando el riesgo de morosidad sistémica en un mercado interno estancado.

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